La movilidad colectiva en tiempos de la Covid-19 y más allá

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En plena lucha (a medias) contra el calentamiento global, la congestión en las ciudades y en las carreteras de todo nivel, contra las muertes anticipadas por la mala calidad del aire o por la carestía de cada km/persona propulsado por combustible fósil… llega el 14 de marzo y se para todo. La movilidad sobre ruedas, física, individual y colectiva, privada y pública se detiene bruscamente y la conectividad en la red lo inunda todo. La desescalada está recuperando la movilidad progresivamente, sobre todo la movilidad peatonal y el vehículo privado. Al transporte colectivo le está costando más, en gran medida por el miedo, comprensible, a utilizarlo masivamente.


Desde ese momento, solo los verdaderos líderes (nadie estaba preparado para esto) diagnostican acertadamente la situación y anticipan sus consecuencias y alguna solución. Los demás (oportunistas, embusteros y pecadores, como somos todos los demás), arrimamos el ascua semi-extinta, de nuestros pobres recursos, a nuestra menguante sardina. Extinta, pobres, menguante… en fin que la Covid-19 nos ha pillado sin los deberes hechos y cayéndosenos los rulos de los pelos. Pero tenemos la astucia suficiente como para defender ladinamente nuestros intereses.


No solo se para todo, sino que se mueven quienes no deben, complicando adicionalmente las cosas. Paseabas por cualquier barrio madrileño (supongo que en muchas otras ciudades también), el viernes 13 de marzo por la tarde o, de buena mañana, el sábado 14, cuando ya estaba en las ondas la declaración del Estado de Alarma y todo era llenar el 4x4 de maletas, niños y hasta esquís para salir como fuese de la ciudad.


Ahora resulta que la movilidad de la Covid-19 se llama “vehículo de uso particular” y, de ser posible, con un solo pasajero por vehículo, es decir: el conductor, al menos hasta que lleguen los vehículos autónomos. Este modelo de movilidad nos aleja más aún de los objetivos de eficiencia, reducción de la contaminación atmosférica y lucha contra el cambio climático.


Queremos ser cuidadosos, porque nada tenemos contra la movilidad a voluntad a bordo de un vehículo particular (aquello de “el vehículo particular libera”). Creemos en el respeto a la libertad personal, compatible con que el Estado regule en favor del interés general, imponiendo cargas a los que generan costes medioambientales y de congestión a la sociedad por sus decisiones individuales (el que contamina o congestiona paga).


Aunque como defensores de una movilidad racional, asequible, no divisiva sino inclusiva, universal y colectiva, creemos que lo que antes de la covid-19 era importante (vid supra) seguirá siéndolo en adelante: la calidad de vida, las ciudades amables al caminante, la lucha contra el calentamiento global. No sabemos todavía en qué medida el descuido en estos tres ámbitos puede haber contribuido a la emergencia de esta gravísima pandemia. Pero por si acaso.


En suma, seguimos defendiendo la necesidad de impulsar una movilidad colectiva avanzada. Solo que ahora creemos también que la primera obligación de este sector, dentro de un estricto y proactivo cumplimiento de las normas dictadas para evitar los contagios, mientras sea necesario, es la “reinvención” de este tipo de movilidad. El transporte público del futuro está obligado a ir mucho más allá de la mera gestión de activos de propiedad municipal. En el futuro debe centrarse en prestar mejores servicios (desde el punto de vista de la sostenibilidad económica, social y medioambiental) a todos y cada uno, no exclusivamente a través de empresas públicas. Ello implica que las autoridades promuevan una mayor integración de las diferentes alternativas de movilidad, sean públicas o privadas; colectivas o personales; faciliten soluciones tecnológicas que den información a los usuarios para que tomen las decisiones correctas y creen los incentivos adecuados a una movilidad más eficiente, racional y sostenible.


No hay manera de saber cómo van a ser las condiciones de la movilidad colectiva en los próximos meses o años. Dependerá en gran medida de cómo evolucione la pandemia y de si se encuentra una vacuna con garantías. Pero sí podemos empezar a imaginar un futuro en el que, si los hogares, trabajadores y empresas de toda condición hubiesen de vivir entre medidas de confinamiento “relativas y recurrentes” tendríamos que cambiar radicalmente nuestros hábitos de movilidad, entre muchos otros estilos de vida. No hay nada de heroico en ello. Estamos habituados a ver películas de ciencia-ficción en las que la gente vive multitud de situaciones cotidianas embutida en EPIs ergonómicos y hasta de cierto gusto estético. Somos animales de costumbres.


Por ahora, cuando el sector del transporte colectivo de viajeros (urbano e interurbano) vive terribles momentos de zozobra y confusión, lo mejor es sentarse a imaginar ese futuro, diagnosticar la situación del sector, los operadores, los viajeros, la regulación. Incidir en la “reconversión” que viene, eliminar grasa y hacer músculo, imaginar los nuevos buses en los que todos los viajeros, las familias o personas convivientes, puedan viajar seguros y “distanciados”. Coches en los que el diseño (mera carrocería, aunque va a costar) ayude y estimule al cumplimiento de las ineludibles normas sanitarias.


Será una intensa transformación, una revolución seguramente. En la que los líderes del sector deberán demostrar que lo son. Con la ayuda de las administraciones (mejores regulaciones más que préstamos blandos u otras ayudas financieras, que también) y, especialmente, la comprensión de los viajeros. Pero con una regla definitiva: la satisfacción integral de cliente y la sociedad en una alianza de ganadores.

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Opinión

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By José María Pedrosa Jamar

Director Marine&Logistics Norte, Aon

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JoseRafaelDiazHernandez 1 1

By José Rafael Díaz Hernández

Engineer specialized in public and private management. Maritime Administration. Port business. Energy transition.

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Jose Rafael Diaz Hernandez

By José Rafael Díaz Hernández

Engineer specialized in public and private management. Maritime Administration. Port business. Energy transition.

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By José Rafael Díaz Hernández

Engineer specialized in public and private management. Maritime Administration. Port business. Energy transition.

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